En noches como estas que llamo y llamo y nadie responde, siento que desaparezco un poco. Por un momento, sostengo el teléfono en la mano y creo, que poner a alguien del otro lado de la línea, es una operación tan imposible como ridícula. Desisto, como quien no consigue entradas para un cine; manso pero revuelto. Igual llamo y llamo pero, pareciera que no hay nadie del otro lado, porque en el silencio de la noche, los “tu-tu-tu” de la llamada cuelgan como foquitos en una calle oscura y nadie responde.Y quizás no responde porque no uso el teléfono para llamar. Llamo como se llamar, para que quizás, de pronto, alguien en algún lado, gire en su sitio, como si algo le hubiera rozado la nuca. Aunque después no responda.
Y nunca voy a saber si no responde porque no cree que la pueda estar llamando, porque se canso de que la llame a cualquier hora o porque, como yo, todas las noches, deja de creer en estas cosas.
Quizás llamaba para decirte que se largo a llover mientras dormías, nada más.-
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