Quizás, en un punto, la pista se pierde y los cielos se velan y todo se detiene. Los extras, en su lugar, miran la hora con ojos opacos y se consultan entre ellos sin decir nada. De fondo, se escucha a los músicos desarmar la banda y es un solo de estridencias. Aparecen los tramoyistas empujando los cartones: unos árboles con rueditas hacían de la plaza de Donado donde me regalaste aquel libro de Galeano. Un farol y un toldo y un teléfono publico, Lisboa. La lluvia, papel picado y, ¿quién lo hubiera dicho?Todo tiene un nivel de amateurismo que conmueve y adentro, un silencio seco, como de bolsa de cartón que se infla y se desinfla, como el “crack” de nueces que se aplastan pasadas las doce de la noche.Me gusta esta suerte de “parte de atrás” por donde puedo pasearme con las manos en los bolsillos. Por estos días parece que no hay función, porque todos van y vienen lentos, fumando cigarrillos empezados y gritándose cosas en el vacío de una tarde que se repite. De vez en cuando, alguien se distrae con una soga y una luna de cartón pasa rasante a pocos centímetros de mi, para luego ser izada nuevamente, sin escándalos. Es una luna hermosa.Allá atrás, cartones nuevos son empujados a escena pero no llego a distinguir que son porque con ellos, nuevos extras entran, con la misma andadura que yo, pero con un poco mas de nervio. Se escuchan los primeros acordes de una nueva música que empieza bien, pero uno de los músicos yerra y todo vuelve a empezar y “perdón, perdón… fui yo”. Alguien repite a lo lejos una línea y todos dejan lo que estaban haciendo para escuchar. Esta bien, pero es una línea vieja y como toda línea vieja, ya suena a nada. Algunos me miran pero yo no miro, solo ando por este set que no acaba de acomodarse hasta que suene la chicharra y alguien diga que vamos a escena…Accion:
Quizás, en un punto, la pista se pierde y los cielos se velan y todo se detiene. Los extras, en su lugar, miran la hora con ojos opacos y se consultan entre ellos sin decir nada. De fondo, se escucha a los músicos desarmar la banda y es un solo de estridencias. Aparecen los tramoyistas empujando los cartones: unos árboles con rueditas hacían de la plaza de Donado donde me regalaste aquel libro de Galeano. Un farol y un toldo y un teléfono publico, Lisboa. La lluvia, papel picado y, ¿quién lo hubiera dicho?Todo tiene un nivel de amateurismo que conmueve y adentro, un silencio seco, como de bolsa de cartón que se infla y se desinfla, como el “crack” de nueces que se aplastan pasadas las doce de la noche.Me gusta esta suerte de “parte de atrás” por donde puedo pasearme con las manos en los bolsillos. Por estos días parece que no hay función, porque todos van y vienen lentos, fumando cigarrillos empezados y gritándose cosas en el vacío de una tarde que se repite. De vez en cuando, alguien se distrae con una soga y una luna de cartón pasa rasante a pocos centímetros de mi, para luego ser izada nuevamente, sin escándalos. Es una luna hermosa.Allá atrás, cartones nuevos son empujados a escena pero no llego a distinguir que son porque con ellos, nuevos extras entran, con la misma andadura que yo, pero con un poco mas de nervio. Se escuchan los primeros acordes de una nueva música que empieza bien, pero uno de los músicos yerra y todo vuelve a empezar y “perdón, perdón… fui yo”. Alguien repite a lo lejos una línea y todos dejan lo que estaban haciendo para escuchar. Esta bien, pero es una línea vieja y como toda línea vieja, ya suena a nada. Algunos me miran pero yo no miro, solo ando por este set que no acaba de acomodarse hasta que suene la chicharra y alguien diga que vamos a escena…
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